La obesidad se ha convertido, en los países del Primer Mundo, en la gran epidemia de este siglo. Pero sigue siendo una gran desconocida para los investigadores. ¿Cuáles son sus causas? ¿Por qué hay personas que tienen más tendencia a engordar que otras? Algunas investigaciones realizadas hasta ahora descubren una nueva hipótesis: que se trate de una enfermedad infecciosa, causada por bacterias.

Un estudio realizado en Boston (EEUU) puede arrojar algo de luz sobre esta cuestión. Según se recoge en la revista 'Journal of Dental Research' (JDR), se ha comprobado que las mujeres obesas tienen una bacteria en la boca que las que están en su peso no poseen. El trabajo se realizó con 313 mujeres con una masa corporal de entre 27 y 32 (el índice normal se sitúa entre los 20 y 25) y analizando los resultados de sus muestras de saliva surgió la pregunta: ¿qué posibilidad hay de que el aumento de peso esté directamente relacionado con la flora de la mucosa oral?

Los niveles de diversas bacterias eran diferentes entre las mujeres con sobrepeso y las saludables, pero una en concreto, la 'Selenomonas noxia', aparecía en la saliva de un 98'4% de las obesas, una cifra muy elevada que los expertos creen que se debe tener en cuenta.

Las bacterias, sospechosas habituales

Esta bacteria es una de las causantes de la periodontitis, tanto en niños como en adultos; y también se ha encontrado de manera considerable en mujeres que recientemente han dado a luz a niños prematuros y por debajo de su peso.

A pesar de ello, el trabajo resulta "interesante" para el doctor Felipe Casanueva, director ciéntífico del Centro de Investigación Biomédica en Red Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CiberOBN), puesto que está relacionado con toda una serie de estudios que se han realizado investigando las causas de esta enfermedad. La gran mayoría de ellas se han realizado, hasta el momento, con ratones. Pero mantiene la cautela: "Se tiene que completar. Se han analizado pocas bacterias y en un reducido grupo de personas. Pero la obesidad nos atenaza de tal manera que cualquier pista hay que seguirla". Y este estudio desvela una más, de ahí su relevancia.

La investigación más reseñable descubrió que los ratones obesos tienen una flora microbiana intestinal diferente a la del resto. Los investigadores llegaron a la conclusión de que esta flora poseía la capacidad para cosechar calorías de la dieta. Además, al transferir la flora de ratones, tanto obesos como delgados, a los que se habían criado en un entorno estéril, la que provenía de los obesos favorecía un aumento significativamente mayor de grasa en los destinatarios.

Por tanto, que las bacterias tienen un papel fundamental en la obesidad parece algo cada vez más claro.

Una enfermedad de este siglo

"Si observamos el mapa de la obesidad, ésta se parece más a una infección que a una enfermedad", añade el director científico del CiberOBN, y es por ello que "se sospecha" que este trastorno puede tener que ver con "el microorganismo".

"La única explicación que tenemos actualmente", prosigue Casanueva "es el cambio que ha experimentado el mundo en tan sólo 50 años. Por primera vez, el hombre ya no pasa hambre ni gasta energía para conseguir alimentos". Así, al sedentarismo se le une un exceso de alimentación. La cuestión a resolver, según afirma, es ¿por qué el ser humano no para de comer cuando ha ingerido suficientes alimentos? "Nos faltan mecanismos que nos defiendan", puesto que es un problema reciente al que el organismo humano nunca se había tenido que enfrentar.

Los investigadores del estudio, liderados por J.M. Goodson, afirman que la relación entre la obesidad y las bacterias orales es mucho más compleja y variada, y que puede ser circunstancial. El doctor Casanueva, por su parte, se pregunta "¿la 'Selenomonas noxia' es una causa o una consecuencia?" De todos modos, este estudio es un paso más en el largo camino para desentrañar los misterios de una de las enfermedades más comunes pero, también, más desconocidas de nuestra sociedad.


fuente: elmundo.es

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Publicado por Mi Escuelita Saludable on lunes, 10 de agosto de 2009



Los excesos o deficiencias presentados durante los primeros años de vida pueden ocasionar secuelas que se manifiestan al comenzar a envejecer.

Sólo proporcionándoles a los niños los nutrientes necesarios para su óptimo desarrollo físico e intelectual y el correcto funcionamiento de su organismo, se le puede garantizar al adulto una vida saludable. El cuerpo humano es como un archivo y los excesos o deficiencias que experimentamos durante los primeros años de vida pueden tener secuelas en la adultez.

Durante los primeros meses de vida, el consumo de sustancias como la luteína -presente en las frutas, verduras, leche materna y fórmulas lácteas infantiles- adquiere una importancia vital en la formación del sistema ocular, ya que actúa como fotoprotector, neutralizando la acción de los radicales libres que ocasionan daño en la retina, especialmente de los niños a temprana edad.

Una vez sintetizado este carotenoide, se concentra en el cristalino y la mácula: regiones de la retina de máxima discriminación y agudeza visual. La doctora Mary Luz Sánchez, especialista en oftalmología pediátrica, comentó que la luteína es conocida como el nutriente protector de los ojos, debido a que evita el daño retiniano producido por factores externos.

En los recién nacidos, el cristalino es más trasparente y vulnerable que en los adultos. La acción de la luteína es fundamental para un desarrollo óptimo de la visión, evitando así futuras complicaciones. La especialista en oftalmología infantil explicó que, a largo plazo, el consumo de dicho nutriente ayuda a prevenir enfermedades como la catarata y la degeneración macular, patologías que se desarrollan en la adultez y son causadas por la fotoxidación de proteínas.

La doctora Sánchez, señaló que la lactancia materna proporciona altas cantidades de luteína y es el alimento ideal para los niños durante los primeros meses de vida. En casos muy puntuales en los que la madre no está en capacidad de amamantar, se puede alimentar al bebé con fórmulas lácteas infantiles, que emulen la leche de la madre y le proporcionen al pequeño una adecuada combinación de biofactores necesarios para cubrir sus requerimientos nutricionales.

Protección fácil de obtener

• Los vegetales verdes son la principal fuente de luteína, especialmente la espinaca y brócoli, además de otros alimentos como el maíz y la yema de huevo.
• El consumo de entre 6 y 14 miligramos de luteína al día está asociado con una disminución de hasta un 50% de riesgo de degeneración macular relacionada a la edad y catarata; para alcanzar esta concentración es necesario consumir 5 raciones de vegetales al día.
• Además de su efecto fotoprotector de la vista, la luteína protege la piel de los daños causados por los rayos ultravioleta y reduce el riesgo de enfermedad cardiovascular.


fuente: analitica.com

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