Los excesos o deficiencias presentados durante los primeros años de vida pueden ocasionar secuelas que se manifiestan al comenzar a envejecer.

Sólo proporcionándoles a los niños los nutrientes necesarios para su óptimo desarrollo físico e intelectual y el correcto funcionamiento de su organismo, se le puede garantizar al adulto una vida saludable. El cuerpo humano es como un archivo y los excesos o deficiencias que experimentamos durante los primeros años de vida pueden tener secuelas en la adultez.

Durante los primeros meses de vida, el consumo de sustancias como la luteína -presente en las frutas, verduras, leche materna y fórmulas lácteas infantiles- adquiere una importancia vital en la formación del sistema ocular, ya que actúa como fotoprotector, neutralizando la acción de los radicales libres que ocasionan daño en la retina, especialmente de los niños a temprana edad.

Una vez sintetizado este carotenoide, se concentra en el cristalino y la mácula: regiones de la retina de máxima discriminación y agudeza visual. La doctora Mary Luz Sánchez, especialista en oftalmología pediátrica, comentó que la luteína es conocida como el nutriente protector de los ojos, debido a que evita el daño retiniano producido por factores externos.

En los recién nacidos, el cristalino es más trasparente y vulnerable que en los adultos. La acción de la luteína es fundamental para un desarrollo óptimo de la visión, evitando así futuras complicaciones. La especialista en oftalmología infantil explicó que, a largo plazo, el consumo de dicho nutriente ayuda a prevenir enfermedades como la catarata y la degeneración macular, patologías que se desarrollan en la adultez y son causadas por la fotoxidación de proteínas.

La doctora Sánchez, señaló que la lactancia materna proporciona altas cantidades de luteína y es el alimento ideal para los niños durante los primeros meses de vida. En casos muy puntuales en los que la madre no está en capacidad de amamantar, se puede alimentar al bebé con fórmulas lácteas infantiles, que emulen la leche de la madre y le proporcionen al pequeño una adecuada combinación de biofactores necesarios para cubrir sus requerimientos nutricionales.

Protección fácil de obtener

• Los vegetales verdes son la principal fuente de luteína, especialmente la espinaca y brócoli, además de otros alimentos como el maíz y la yema de huevo.
• El consumo de entre 6 y 14 miligramos de luteína al día está asociado con una disminución de hasta un 50% de riesgo de degeneración macular relacionada a la edad y catarata; para alcanzar esta concentración es necesario consumir 5 raciones de vegetales al día.
• Además de su efecto fotoprotector de la vista, la luteína protege la piel de los daños causados por los rayos ultravioleta y reduce el riesgo de enfermedad cardiovascular.


fuente: analitica.com

Publicado por Mi Escuelita Saludable on lunes, 10 de agosto de 2009

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